Diana

Miércoles, 15 de Enero de 2014 | 10:40 am | No hay comentarios

Título original:

Diana

Dirigida por:

Oliver Hirschbiegel

Duración:

113 minutos

Año:

2013

Protagonizada por:

Naomi Watts, Naveen Andrews, Cas Anvar, Geraldine James, Charles Edwards, Michael Byrne, Douglas Hodge, Laurence Belcher

Difícil es hablar de ella, del personaje público que aquellos que somos algo mayores conocimos en la televisión, en las portadas de las revistas de papel cuché que solían colgar por decenas en los quioscos, que vimos vivir y morir trágicamente ante nuestros ojos aún cuando nunca estuvimos cerca, o nos importaba realmente si lo estaba, pues su imagen estaba ahí, lo quisiera uno o no. Su rostro angelical, derrochando carisma, invadiendo los medios por razones nunca del todo claras que no fuera por el sólo hecho de ser ella.

DIANA 01Nunca supimos si Diana Spencer fue amada u odiada por cumplir un cuento de hadas, por ser una princesa, por ser parte de una realeza la cual nunca la aceptó realmente, por ser engañada y enfrentar públicamente a la familia real británica, por las múltiples causas humanitarias que apoyó, o por ser todas esas cosas y ninguna a la vez. Nunca supimos si quien vimos de manera frecuente era ella realmente o era una imagen construida fría y calculadamente frente a un espejo. Es por ello que, para quienes gustan de ahondar en los secretos de los personajes, las biografías tanto autorizadas como las que no, resultan un verdadero deleite. Sin embargo, bajo este y muchos aspectos, esta película resulta ser una verdadera decepción.

“Diana”, basada en el libro “Diana, Su Último Amor” de Kate Snell, narra y contextualiza los últimos dos años de vida de la Princesa de Gales (Naomi Watts) y de las vicisitudes que surgieron junto a su último y verdadero gran amor, el Dr. Hasnat Khan (Naveen Andrews), un destacado cardiólogo musulmán, machista y apegado a su familia y tradiciones, con quien trata de vivir una relación normal y tranquila sin dejar de lado su agitada y notoria vida pública.

DIANA 02Hay que reconocer que Naomi Watts hace un encomiable esfuerzo por tratar de dar vida a una Diana con doble fachada. Sin embargo, la actriz se ve superada tanto por la figura de la princesa como por las propias falencias del personaje escrito por Stephen Jeffreys (“The Libertine”, 2004), que la describe profundamente dañada y carente de afecto, pero con la profundidad de una placa de Petri por lo que, con la ayuda de buenos vestuaristas y peluqueros, lo suyo queda más bien en el terreno de la imitación que en el de la personificación. Naveen Andrews, por otra parte, tampoco tiene mucho material con el cual trabajar, limitándose a tratar de llevar su trabajo lo más dignamente posible.

Y es que resulta improbable que los actores principales puedan llevar a buen puerto sus interpretaciones con un guión sin rumbo ni identidad. El relato transita entre la biografía pura y el drama romántico, pero sin acertar jamás ni con la verdadera personalidad detrás de esa fachada conocida públicamente como la Princesa Diana, como tampoco logra dar con el tono adecuado para que esa aparentemente épica historia de amor resulte siquiera interesante.

DIANA 03Aún cuando el guión pudiera fallar, no cabe duda que la labor del director Oliver Hirschbiegel –conocido por estos pagos por la imborrable “La Caída” (2004)- ayuda bastante a esta catástrofe. Nadie duda de que el director ha probado anteriormente su capacidad para atrapar y mantener cautivo al público, manejando la tensión narrativa con precisión. Sin embargo, claramente lo suyo no se circunscribe a ninguno de los géneros que trata de abarcar la cinta.

Lo de “Diana” podrá no ser una sorpresa o decepción, pero sin lugar a dudas constituye, nada más empezar el año, uno de los títulos más olvidables e intrascendentes de la temporada, que se suma a otros fiascos recientes en torno a películas biográficas de reconocidas figuras públicas, como “Jobs” (2013). Queda la duda de si el material del cual se dispone es suficiente como para siquiera considerar realizar estas películas, y que tal vez las vidas que envidiamos o tal vez soñamos vivir no sean en realidad una “vida de película”.

Por Rodrigo Garcés

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