Curvas de la Vida

Martes, 20 de Noviembre de 2012 | 10:01 pm | No hay comentarios

Título original:

Trouble with the Curve

Dirigida por:

Robert Lorenz

Duración:

111 minutos

Año:

2012

Protagonizada por:

Clint Eastwood, Amy Adams, Justin Timberlake, John Goodman, Matthew Lillard, Robert Patrick, Chelcie Ross, Bob Gunton, Scott Eastwood

Clint Eastwood es en sí un capítulo aparte en la historia del cine. A sus 82 años carga con una extensa carrera como actor, representando a íconos de acción que ahora son revisitados a cada instante en el género: desde el personaje sin nombre, ni moral ni ética definida de los spaguetti western dirigidos por Sergio Leone, al violento y mal hablado Harry “Dirty” Callahan, siempre dispuesto a ensuciarse las manos para hacer cumplir la ley. Por otro lado, su veta de director lo tiene considerado como uno de los más respetables y sólidos de la industria actual, siendo sus títulos parte importante de las listas de nominados a premios Oscar cada vez que se sienta detrás de una cámara. Siendo antojadizos, hasta en esa faceta ha sido imitado, y actores/directores como George Clooney o Ben Affleck, nacidos y criados en Hollywood, parecen querer recorrer esos mismos derroteros. Luego de anunciar su retiro –y representarlo de forma magnífica dentro de la pantalla- de la actuación en “Gran Torino” (2008), lo que nota aparte le valió ser el realizador más longevo en ganar el premio de la Academia al mejor director, vuelve a encarnar al último de sus papeles icónicos: el de viejo cascarrabias, mal hablado, pero de gran corazón, en “Curvas de la Vida”.

Gus (Clint Eastwood) es un exitoso cazatalentos deportivo que ha dedicado su vida a recorrer canchas universitarias y amateur de pueblos interiores de EEUU, buscando a las futuras estrellas del béisbol. Ya viejo y a punto de la jubilación, descubre que su vista le falla, justo cuando se le encomienda decidir por el jugador de liga estatal que será promovido a las ligas mayores. Por esta razón, y a regañadientes, acepta la ayuda que le brinda su hija Mickey (Amy Adams), quien se convertirá en sus ojos, y en el entretanto reflotará heridas de niñez y se interesará en Johnny, ex jugador que fue descubierto por Gus y que, tras una lesión, intenta aprender el negocio.

Tal como si estuviera reflejando su vida en cada fotograma donde participa, “Curvas de la Vida” habla principalmente de la vejez, de esa que trastoca la existencia de Eastwood, que no puede entender, pero sabe muy bien cómo representar en la pantalla. El anciano mal hablado, obstinado, con la sabiduría que dan años de pura experiencia, debe lidiar con la tecnología, las nuevas costumbres, con los jóvenes que creen saberlo todo y desean desplazarlo por considerarlo una pieza de museo, que se vería mejor exhibida en una casa de reposo. Además, el deterioro de su cuerpo le juega en contra, ya no tiene ni la habilidad ni las ganas de aprender nuevos trucos, ya no está para adaptarse a los cambios que trajo a su negocio la era digital.

El problema, pese a la consistencia argumental, el desarrollo fluido de la trama, de los personajes y de la calidad actoral de un abanico de secundarios queribles, es que no estamos ante una película de Eastwood. Para que no queden dudas, el resultado es bastante bueno, una mezcla de melodrama familiar, épica deportiva, historia de redención, junto a pequeñas cuotas de humor y la siempre efectiva trama del “underdog”. Pero algo le falta. Más bien, como primera incursión de Robert Lorenz, quien fuera el director asistente en varios proyectos de Eastwood, el resultado deja la sensación de que el alumno todavía tiene cosas que aprender del maestro. La clave es el estilo. Mientras Eastwood ha sabido imprimir su firma en todos los géneros que ha visitado, acá todo parece demasiado igual a otras cintas, demasiado calcado a otros proyectos donde Lorenz apoyó al que ahora es su protagónico, sin esa chispa que marque la diferencia.

Dejando de lado la comparación, “Curvas de la Vida” es un buen comienzo, un punto de partida más que correcto para una carrera que intenta desprenderse de la gigantesca sombra de ser el asistente de un director de la talla de Clint Eastwood. Además, permite disfrutar nuevamente de una actuación del veterano, que siempre ha sabido impregnar de humor esos arrebatos de la edad, y construir con ello personajes con más de una lectura, desde el cazarrecompensas sin nombre al policía de San Francisco. Lo que sí, tal como se ve en la película, a veces es mejor seguir aprendiendo de los maestros, sin olvidar que llega el momento de cortar el cordón y separarse, con todos los riesgos que esto implica.

Por Juan Pablo Bravo

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