Sal

Miércoles, 16 de Mayo de 2012 | 1:27 pm | No hay comentarios

Título original:

Sal

Dirigida por:

Diego Rougier

Duración:

114 minutos

Año:

2012

Protagonizada por:

Fele Martínez, Gonzalo Valenzuela, Patricio Contreras, Javiera Contador, Luis Dubó, Sergio Hernández

“Sal”, la ópera prima del director Diego Rougier, llega a nuestras salas con el gran aliciente de ser “el primer western chileno” (aunque no es el primero). Denominación que perfectamente puede funcionar como arma de doble filo, ya que por un lado existe el entusiasmo y ganas de ver una versión “a la chilena” de uno de los géneros cinematográficos más importantes de la historia, pero también está el recelo que despiertan las incursiones “de género” en el cine nacional, donde la mayoría de las producciones suelen caer en el terreno de la mediocridad, con ideas interesantes que no logran cuajar en cintas cuya mayor virtud son las buenas intenciones. El filme de Rouger comparte estas buenas intenciones, y a pesar de contar con una serie de defectos, logra salir airosa.

La historia comienza en la ciudad de Barcelona, donde Sergio (Fele Martínez), guionista y director de cine, está tratando de sacar adelante un western, el cual pretende rodar en el desierto de Atacama. Viéndose sobrepasado por las críticas a su trabajo, Sergio decide viajar al norte de Chile, para re-escribir su película en el desierto más árido del mundo. Para su infortunio, llegará a un pueblo perdido, donde es confundido por un tal Diego, quien mantiene una enemistad de años con Víctor, el hombre más poderoso y violento del pueblo. Sergio deberá sufrir los clamores de la venganza, mientras asume el pasado del desconocido Diego, el cual lo convertirá en el protagonista de su propio guión.

Lo más destacable de “Sal”, es el amor y fidelidad que derrocha por el género al cual se subyace. Los rituales de rutina están en su lugar, al igual que sus arquetipos, dando forma a la típica historia del “extraño en tierra extraña”, escapando de un pasado oscuro, en este caso, uno que desconoce. La trama se desarrolla en base a esta premisa, sin entregar grandes giros, más allá de los propios del western, en una historia que no sorprende en su desarrollo, pero funciona. Es de agradecer también, el que la historia se sienta chilena. Es una película de pistoleros, claro está, pero tiene en sus personajes y puesta en escena, un aire criollo que se apodera de las convenciones y las hace suyas.

La ambientación y atmósfera de western, están logradas a cabalidad. Desde los títulos de crédito, pasando por la fotografía y la banda sonora. El diseño de las locaciones, y el mismo desierto de Atacama, recrean un escenario idóneo para el desarrollo de una película de vaqueros, y se convierten en uno de los aciertos de la película.

Lamentablemente, “Sal” adolece de una serie de detalles, que merman una historia que camina, pero a ratos, exenta de ritmo o interés por lo que está pasando en la pantalla. Sobran, a lo menos, veinte minutos de metraje, sobre todo en su segunda mitad, donde la acción da tumbos, y al estar frente a una trama tan convencional, el camino hacia el clímax se diluye en situaciones predecibles y mal resueltas. Un ejemplo de esto son las escenas de acción, las cuales carecen de tensión al estar tratadas de una forma aletargada. Esta bien querer despegarse de los cánones impuestos por la industria hollywoodense, pero las escenas de acción en “Sal”, no tienen emoción.

El elenco, encabezado por el español Fele Martínez, logra buenas interpretaciones, a pesar de no contar con grandes personajes. El único que posee una verdadera tridimensionalidad es Sergio, todos los demás están relegados a cumplir su rol arquetípico dentro de la trama, pero sin la suficiente sustancia como para que lleguen a sentirse personajes con capas. “El malo” es “El malo” y “El matón”, “El matón”. La más perjudicada es Javiera Contador, haciendo el papel de “La traidora”, con un personaje de lo más insípido, protagonizando los momentos más bajos del filme, entre ellos, la escena de sexo más falsa en la historia del cine chileno.

Aun así, “Sal” se salva de la quema, irónicamente, gracias a su guión, el cual cierra el círculo del personaje, y salvo un par de inconsistencias en la escena del clímax, la historia deja todo en su lugar, con una conclusión “de western”. Más allá de las buenas intenciones, Rougier logra su cometido, entregando una película que, sin ser una maravilla, es un western con todas sus letras.

Por Sebastián Zumelzu

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