Casi Un Gigoló

Jueves, 24 de Julio de 2014 | 11:28 am | No hay comentarios

Título original:

Fading Gigolo

Dirigida por:

John Turturro

Duración:

90 minutos

Año:

2013

Protagonizada por:

John Turturro, Woody Allen, Sharon Stone, Sofía Vergara, Vanessa Paradis, Liev Schreiber, Max Casella, Bob Balaban, Michael Badalucco

Cuando la nostalgia forma parte necesaria del contar historias, la delicadeza con que los elementos cinematográficos se trabajan tiene un peso superior. La gracia está en llevar todo hacia un camino claro y empoderarse de las situaciones para que, a pesar de que lo retratado corresponde al tiempo real que estamos viviendo, parezca un relato cercano que se siente también como un futuro añorado. Tomando lo anterior como antesala, la historia que John Turturro nos presenta en su nueva película, se lleva el humor adulto hacia caminos casuales, donde el amor sin edades ni prejuicios, pero con más detractores de lo esperado, se presenta como una realidad frecuente.

FADING GIGOLO 01Aprovechando el cierre de su librería, Murray (Woody Allen) le propone a su amigo florista, Fioravante (John Turturro), empezar un negocio de medio tiempo: ser gigoló. La idea parte porque la dermatóloga de Murray, la Dra. Parker (Sharon Stone), le comentó que deseaba probar un trío con su amiga Selina (Sofía Vergara) y con un hombre interesante. Así, bajo los seudónimos Dan Bongo y Virgil Howard, mánager y gigoló comienzan a saciar las necesidades de las mujeres con dinero en Brooklyn. En el camino, se toparán con una viuda judía, Avigal (Vanessa Paradis), quien le inducirá a Fioravante un cuestionamiento completo de la nueva vida que tiene, provocando una serie de situaciones tragicómicas.

Con una propuesta de principio nostálgica, elegante y humorística, donde sin duda Woody Allen metió mano, se induce desde el comienzo el tono delicado, pero a la vez sarcástico, que tendrán las acciones y los diálogos. Los colores en los que la cinta se enfrasca también empapan de esta melancolía futura, si se quiere, y terminan por encerrar toda la atmósfera expresiva, de forma especial y cuidada.

FADING GIGOLO 02Dejando de lado los papeles con que John Turturro se hizo conocido, el escritor, director y protagonista de esta cinta se nos presenta como un hombre al borde de los 40, tranquilo y sin ninguna habilidad especial aparente. Es una persona a la que se le llamaría normal, no precisamente atractiva, pero que de la nada descubre un don que tiene guardado: sabe cómo tratar a las mujeres. Este es quizás uno de los temas principales que se trabajan en la película, donde las apariencias no siempre reflejan la naturaleza de las personas. La gracia está en que se conocen las limitaciones de la edad, pero no resulta un impedimento en las relaciones amorosas o incluso casuales. Y Turturro, a pesar de que en un principio cuesta creerle el papel, sabe trabajar sus falencias y nos entrega una performance sutil, sin mayores complicaciones.

Al contrario, la pareja protagónica que lleva a cabo Woody Allen es, por lejos, lo mejor de la cinta. Si bien ya estamos acostumbrados a su estilo de actuación, no deja de sorprender la afabilidad y pronta estima con la que degustamos sus personajes. Las hilarantes salidas e inteligentes frases del autoproclamado “Dan Bongo”, entregan dosis simpáticas de comedia adulta y algunas cuantas risas sinceras. Este personaje, en realidad, es lo que salva la historia cuando la película llega a un punto donde se enredan demasiados temas y se agregan otras pequeñas historias, cada una sin una salida lógica, donde pareciera que muchos de los pequeños finales se dejaron al azar. El personaje encarado por Allen se pasea airoso, camuflando u ocultando las fallas de los demás papeles, los cuales se sienten demasiado desconectados con la historia, como por ejemplo pasa con el personaje FADING GIGOLO 03de Sofía Vergara, algo inerte, vacío y sin mayores triunfos.

El tiempo en el que la película se desenvuelve se consagra, a pesar de su poca duración técnica, de forma pesada. Si bien los sucesos son bastante ágiles en forma, el perfil total de la cinta camina lento e indeciso a través de lo que se quiere contar. Nuevamente, el problema con las historias indexadas ofuscan los temas principales.

A pesar de todo, el humor adulto y a la vez inmaduro es una certera propuesta. No se entrega más de lo que se puede dar, pero al final resulta efectivo y se crea una especie de proximidad con los sentimientos que se retratan a través de encuentros esporádicos entre personajes. Los a veces inesperados desenlaces otorgan atentamente una porción equilibrada de realismo e idealismo, que la buena química Allen-Turturro terminan por cerrar como el paquete perfecto y que, por agregado, consagran una vez más ese estilo allenesco de hacer cine, aunque solamente sea por un único personaje.

Por Daniela Pérez

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