Big Eyes: Retrato de una Mentira

Jueves, 12 de Marzo de 2015 | 12:26 pm | No hay comentarios

Título original:

Big Eyes

Dirigida por:

Tim Burton

Duración:

106 minutos

Año:

2014

Protagonizada por:

Amy Adams, Christoph Waltz, Danny Huston, Jason Schwartzman, Krysten Ritter, Terence Stamp, Heather Doerksen, Emily Fonda, Jon Polito, Steven Wiig, Emily Bruhn, David Milchard, Elisabetta Fantone, Connie Jo Sechrist, James Saito

Siempre es bueno apostar por el cambio dentro de los términos cinematográficos, sobre todo cuando se es plenamente consciente de que el paso del tiempo se encarga de agotar la mayoría de las fórmulas que alguna vez fueran garantía absoluta. Caso emblemático de aquella lectura es el de Tim Burton que, con una carrera asentada sobre las bases de la fantasía, ha visto cómo en los últimos años sus producciones arrastran un bajón cualitativo considerable. Teniendo el antecedente de que “Ed Wood” (1994), el único título construido por el realizador fuera del género que lo hiciera conocido, es una verdadera pieza de colección, las expectativas sobre “Big Eyes: Retrato de una Mentira”, un biopic en plan comedia-drama, no pueden ser menores.

BIG EYES 01La película está basada en la vida de Margaret D.H. Keane (Amy Adams), retratista que, en palabras del propio Tim Burton, ejerciera una gran influencia sobre él en sus largometrajes. El relato va repasando la historia de la artista entre la década del 50 y 60, cuando contrajera matrimonio con su segundo esposo, Walter Keane (Christoph Waltz) y este fuera adueñándose de sus trabajos, adjudicándose su falsa autoría para hacer fama y fortuna. Todo lo anterior, enmarcado en el impacto que causaban los característicos cuadros de Margaret, que incluyen siempre a personajes tristes y de grandes ojos.

Los distintos homenajes que el director de “Beetlejuice” (1988) va estableciendo en el ancho del título, se logran ir fijando entre la sutileza y la propia admiración que despierta Margaret Keane en el realizador. Fuera de los simbolismos gráficos presentes en la cinta, existen pasajes en que los primeros planos, e incluso el maquillaje, permiten hacer un juicio sobre el proceso de reivindicación en la figura de la artista plástica. Un escenario que si bien podría ser desfavorable para la verosimilitud de un filme biográfico, en manos de Burton termina siendo algo, a lo menos, creíble.

BIG EYES 02La ambientación de los hechos va marcando el muy buen ritmo de la historia no como un distractor, sino que como un reforzador en el encuadre del mismo; la solapada descripción sobre el rol de la mujer y el heteropatriarcado sociocultural del hombre, tan marcado en plena génesis del movimiento beat (Andy Warhol fue un entusiasta de la pintora), sirve para dimensionar el alcance que podría tener una historia como la de Margaret Keane –muy triste en la parte de su vida que se explora en este largometraje- en tiempos modernos, donde todavía existe la discusión sobre la equidad de género.

Asimismo, el humor negro de la producción permite crear graciosas situaciones, en donde el mundillo snob dentro del arte queda como todo lo charlatán que realmente es, separando de ese modo la interesante labor que cumplen los críticos en el total del contexto de la disciplina artística, sin perjuicio de que algunos de ellos (¿Nosotros?) ocupen tanto la retórica como para quedar de fanfarrones. Por otra parte, “Big Eyes: Retrato de una Mentira” no juzga el trabajo real de su protagonista, ni tampoco empuja al público a hacerlo, acá la calidad pictórica de Margaret Keane –encarnada por una impecablemente sumisa Amy Adams- es irrelevante, lo que importa de verdad son sus motivaciones, y eso es algo que está muy bien dispuesto en la película. Además de lo anterior, también se presenta con ingenio un repaso sobre el arte manufacturado, producido a gran escala y al fan-intérprete responsable de que la expresión artística pierda sentido en algún punto.

BIG EYES 03Ahora bien, los problemas que tiene la cinta van por el lugar del guión, a cargo de Scott Alexander y Larry Karaszewski, los mismos escritores de “Ed Wood”. No obstante, los diálogos pueden ser agudos –“Walter Keane es la razón del porqué la sociedad necesita críticos: ¡Para protegerlos de tales atrocidades!”-, también hay escenas que se advierten forzadas y sin asunto, llevando por momentos a la historia por el lugar de lo conveniente. En contraste, el relato no se introduce lo suficiente en temas espirituales, fundamentales en la vida de Margaret, por lo tanto la transformación que va experimentando la artista en su perspectiva, no queda completamente clara. De igual manera, el otro protagónico, Walter Keane, se plantea muy limitado, aunque Christoph Waltz aporte en explosividad a su rol.

Sería injusto precisar el cambio de Tim Burton como la pérdida de su identidad, porque los elementos de los que siempre se ayudó todavía están ahí –en menor medida, pero incorporados-, y eso sin olvidar que es precisamente lo que en nuestra calidad de espectadores debemos exigir: innovación a través de un punto cero o por medio de la reinvención. La sensación que queda después de ver “Big Eyes: Retrato de una Mentira” es grata; al parecer el otrora gótico director vuelve a caminar por la buena senda.

Por Pablo Moya

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