Bailando por la Libertad

Miércoles, 27 de Mayo de 2015 | 12:56 am | No hay comentarios

Título original:

Desert Dancer

Dirigida por:

Richard Raymond

Duración:

98 minutos

Año:

2014

Protagonizada por:

Freida Pinto, Reece Ritchie, Nazanin Boniadi, Tom Cullen, Marama Corlett, Simon Kassianides, Akin Gazi, Makram Khoury, Davood Ghadami, Tolga Safer, Mourad Zaoui, Neet Mohan

Alabanzas por la libertad, sueños imposibles que se vuelven realidad, gente que lucha contra viento y marea con tal de alcanzar sus objetivos. ¿Cómo permanecer indolentes frente a semejantes premisas cargadas de ilusión y humanidad? De hacerlo, simplemente significa que no se tiene alma. Está bien permitirse esa licencia de vez en cuando: el convertirse en cómplice testigo de una causa justa, abogando por ella por telepatía. En el cine levantamos una piedra y de inmediato encontramos cien opciones de este tipo a nuestra merced.

DESERT DANCER 01Afshin Ghaffarian (Reece Ritchie) es un chico iraní cuya pasión siempre ha sido la danza, práctica prohibida en su país. La llegada a la universidad le permitirá conocer a jóvenes idealistas como Ardavan (Tom Cullen) y Elaheh (Freida Pinto), haciéndose amigos y atreviéndose a desafiar las restrictivas leyes para vivir su arte. Así, el grupo se propondrá hacer una presentación en medio del desierto.

Basada en un acontecimiento verídico, la película cuenta con un propósito muy bien definido, lo que es válido; su mensaje es gritado fuerte y claro desde todos los rincones posibles. Lanzarse con un punto de vista explícito se aprecia, pero a veces las intenciones de profundizar en una problemática demasiado sensible se ven truncadas por esa vil tentación llamada melodrama. Cuesta trabajo encontrar el balance adecuado entre el compromiso con la causa y la mesura en cuanto a las herramientas que se utilizan para exponerlo.

La edición es ágil, pero en esa misma rapidez tropieza cortando planos en segundos equivocados porque, con el objetivo de resumir una acción con un aire de espontaneidad, esta es interrumpida de manera brusca. Ritchie se esfuerza, mas el peso de toda la producción en los hombros, en lo global, le pasa la cuenta. Más que nada le falta carácter, rasgo que comparte con Cullen y Pinto, entonces, DESERT DANCER 02¿qué ocurrió con el casting? No hubo tiempo o presupuesto para barajar otras posibilidades, o tal vez el debutante Richard Raymond no fue capaz de imprimirles la suficiente intención.

¿Por qué no recurrir a actores iraníes para los roles protagónicos? Cabría preguntarse. ¿Qué hace ahí el inglés de “Downton Abbey” fingiendo un acento que no tiene? Está bien, se entiende la exigencia de incluir algún rostro familiar para el público en términos de beneficio comercial, no obstante, también puede ser leído como una falta de respeto a la cultura, porque se está sugiriendo –al menos implícitamente- que cualquier moreno puede interpretar a un iraní (siempre y cuando sea lindo, y no del todo moreno). Whitewashing es el fenómeno en cuestión, ese afán por presumir inclusión hacia las razas no caucásicas utilizando a personas, paradojalmente, caucásicas.

La triste agitación en naciones como Irán queda palpada en el film, pero hay cierto aire a fábula para contarle a niños que la envuelve, estropeando su finalidad. No es que peque de infantilismo, sin embargo, sí parece haber pasado a través de un filtro ligeramente rosa pastel que le resta DESERT DANCER 03consistencia dramática a un conflicto actual y latente. El que esté basada en una hazaña real tiene, por cierto, responsabilidad, ya que por lo general se cree que el efectismo tornará el caso más épico, siendo que este ya es así per se.

Existen diversas formas en que una problemática social puede ser abordada, y un inspirador relato de valentía es una de esas. En ese sentido, “Bailando Por La Libertad” da en el clavo en términos de emocionalidad y empatía, perfilando una historia con la cual no es difícil involucrarse. Pero, siendo justos, implicarse con un evento así se da prácticamente por defecto, por  lo que el límite entre el impacto del caso real en sí y la calidad del trabajo que se realizó al adaptarlo se vuelve nebuloso. El cariño por la obra, eso sí, se debe reconocer. Aunque sea una visión más bien idealizada del asunto y sature en el aspecto sensiblero –sobre todo hacia el clímax-, hay dedicación y genuinos deseos por aportar como denuncia, lo que nunca es despreciable.

Por María José Álvarez

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