Baby: El Aprendiz del Crimen

Jueves, 10 de Agosto de 2017 | 12:08 am | No hay comentarios

Título original:

Baby Driver

Dirigida por:

Edgar Wright

Duración:

112 minutos

Año:

2017

Protagonizada por:

Ansel Elgort, Lily James, Jamie Foxx, Jon Hamm, Kevin Spacey, Eiza González, Jon Bernthal, Ben VanderMey, Thurman Sewell, Allison King, Lance Palmer, Keith Hudson, Patrick R. Walker, Hudson Meek, Troy Faruk

El cine de acción es, posiblemente, uno de los grandes favoritos de las salas de cine actuales. La emoción, el riesgo y la valentía han sabido tomar un lugar especial en el corazón de sus fanáticos gracias a tomas que acompañan a los protagonistas en sus arriesgadas maniobras a través de los distintos escenarios a los que se enfrentan. El espectador, presa de la tensión y la adrenalina, sigue a los personajes en líneas narrativas que, si bien son más simples que otros géneros del cine, se desenvuelven constantemente sobre relatos arquetípicos más o menos conocidos por todos.

Entonces, el gran desafío para cualquier película de acción es cómo mantener una historia sencilla que sea capaz de atrapar a su público, emocionarle y, a la vez, albergar novedad en su forma y contenido. “Baby: El Aprendiz del Crimen” se presenta a sí misma como una nueva apuesta por responder a esa pregunta trabajando desde el humor, el ritmo y la preocupación por los detalles. Una producción que logra cautivar desde múltiples aspectos al espectador que gusta del cine de acción, pero también a aquellos más reacios a este género, gracias a una producción impecable en muchos sentidos.

En este filme, Edgar Wright –conocido director responsable de películas como “Shaun Of The Dead” (2004) y “Scott Pilgrim vs The World” (2010)– nos trae la historia de Baby (Ansel Elgort), un joven y talentoso conductor que trabaja para un jefe criminal (Kevin Spacey) realizando vertiginosas y arriesgadas maniobras tras el volante, para mantener a salvo a los distintos equipos criminales a medida que escapan de los atracos que perpetran.

La trama –a primera vista simple– no destaca por su originalidad respecto al género. Las historias de conductores ligadas al mundo criminal nos llevan necesariamente a pensar en otros títulos y sagas que podrían tener una línea argumental parecida, como “The Transporter” (2002) o la saga “Rápido y Furioso”, no obstante, uno de los grandes aciertos que “Baby: El Aprendiz del Crimen” tiene por sobre dichas películas es el sólido trabajo humorístico que presenta. La tensión, propia de la acción ligada a las peligrosas maniobras en automóvil, encuentra su contrapunto en un humor de situación que no necesita gags o chistes para hacerse notar. Es el mismo ambiente y el contraste entre una toma y otra lo que pone en evidencia la maestría del director a la hora de crear un humor no dependiente de las palabras, capaz de aligerar la carga ante una película que, de otro modo, hubiese parecido ridícula y sobrepoblada de clichés del género. Este juego autoconsciente de burlarse de sí misma, de sus situaciones y acciones, presentándolas de manera graciosa en contraste con la seriedad de las tomas de acción, hacen de la trama una compleja pieza de relojería que rara vez decepciona a medida que los minutos avanzan.

Es, entonces, que se hace presenta uno de los elementos clave para la película: el ritmo. Juegos de cámara y planos que se suceden casi tan rápido como las maniobras del joven conductor a través de la pantalla, con detalles en segundo plano finamente cuidados y un trabajo de construcción de personajes inteligente nacido desde las particularidades de cada uno de los habitantes de la historia, se aúnan al trabajo rítmico visual impecable que da cabida al humor característico de Edgar Wright. Así es como se configura la apuesta de esta película, una mirada distinta al cine de acción –desde el humor– que funciona bien a su propósito: contar de manera novedosa una historia trillada y lograr despertar emociones ante una historia en la cual el mismo final se nos cuenta antes de que ocurra.

Ahora bien, el ritmo narrativo no es el punto más fuerte de la película, sino que lo es la música. Una banda sonora que logra encerrar casi todos los gustos y que se hace presente desde sus primeros minutos hasta su desenlace casi de manera ininterrumpida. Será este trabajo musical lo que marcará el eje de la construcción de toda la historia de “Baby: El Aprendiz del Crimen”; cada escena, maniobra y juego de cámara se condice con el ritmo de la banda sonora salida desde los audífonos de su protagonista, en un filme que, más que construirse y presentarse, se orquesta ante el espectador. Será en la música, entonces, donde encontramos verdaderamente al protagonista; sus gustos, sus amores, sus deseos y su pasado, como también su presente, sus sueños y su trabajo como conductor criminal.

En síntesis, si se le mira superficialmente, “Baby: El Aprendiz del Crimen” es una película cuya historia cae en lugares comunes y clichés del género de acción; una narración más o menos predecible que mantiene a sus personajes sanos y salvos gracias a milagros divinos propios del género. Sin embargo, el filme está muy consciente de ello y le saca partido gracias a un humor impecable, inteligente y de ritmo envidiable –tanto visual como musicalmente hablando–, que va dando profundidad a la historia, enlazando nuevas aristas a sus personajes –cada vez más personales– hasta construir un viaje cinematográfico realmente placentero, demostrando que la forma en la cual una historia es contada es tan importante como la historia misma.

Por Ricardo Tapia

Enlace corto:

Comentar

Responder