Assassin’s Creed

Jueves, 5 de Enero de 2017 | 12:01 am | No hay comentarios

Título original:

Assassin’s Creed

Dirigida por:

Justin Kurzel

Duración:

115 minutos

Año:

2016

Protagonizada por:

Michael Fassbender, Marion Cotillard, Jeremy Irons, Charlotte Rampling, Brendan Gleeson, Michael Kenneth Williams, Ariane Labed, Brian Gleeson, Carlos Bardem, Hovik Keuchkerian, Javier Gutiérrez, Matías Varela, Denis Ménochet, Mohammed Ali, Dino Fazzani, Gabriel Andreu, Megan Affonso

El primero de los juegos de Assassin’s Creed apareció a fines de la década del 2000, y tanto su premisa como su modalidad resultaron tan novedosas como atractivas. Se volvió rápidamente uno de los más populares, recibiendo incluso elogios que no suelen ir asociados al mundo de los videojuegos por su muy acabada, detallista y totalmente interactuable reconstrucción de ciudades famosas de la antigüedad. A pesar de este gran logro en su área artística, lo que separaba a Assassin’s Creed de otros juegos de factura similar era que venía nivelado con una jugabilidad tan emocionante como adictiva. Esto, a su vez, servía para ocultar los aspectos más gruesos de su historia, cuya narrativa a veces pecaba de demasiado estrambótica. Pero era un juego, y uno muy entretenido, por lo que no importaba demasiado. El problema fue asumir que esto iba a traducirse de igual manera al cine.

“Assassin’s Creed”, la película, presenta a dos facciones que llevan siglos en guerra: los templarios y los asesinos. A esta última es a la que ha estado ligado Cal Lynch (Michael Fassbender) durante toda su vida. Sin saber cómo ni por qué, esta secta lo ha marcado, obligándolo a vivir bajo su sombra. Pero será la aparición de la misteriosa doctora Sofia (Marion Cotillard) lo que causará que Cal comprenda el peso que conlleva pertenecer a los asesinos, le guste o no.

Dirigida por Justin Kurzel, quien el año pasado manejó la más reciente adaptación a la pantalla grande de Shakespeare con “Macbeth” (2015), “Assassin’s Creed” echa mano de prácticamente los mismos actores, pero con un fin totalmente distinto. Donde su apuesta con “Macbeth” era actualizar una obra que carga con un prestigio y fama intimidantes, con esta nueva película pareciera que su único mandato fuera llevar gente a las salas de cine. Prácticamente todo en la cinta está malogrado. Con la notable excepción de varias de las peleas cuerpo a cuerpo –hay que agradecer acá a los dobles de acción, los verdaderos héroes de la película–, presenta una historia básica y poco elaborada llena de personajes vacuos y poco atractivos. Esta se va desarrollando entre tirones y bostezos, todo lleno hasta el tope de efectos visuales y tomas subjetivas, que a ratos se vuelven completamente incomprensibles.  Y para colmo, algunas de las resoluciones a los conflictos más complejos que se presentan son de frentón flojas.

Para tratar de entender este naufragio, hay que diseccionar algunos de los aspectos centrales de “Assassin’s Creed”. Para empezar, la decisión de situar tres cuartos de la película en la actualidad no sólo produjo que una parte importante de la ya muy abultada duración fuera un aburrimiento, sino que es casi publicidad engañosa. Cualquier fanático de la saga (y esta es una cinta claramente pensada en ellos) comprende que el atractivo del juego está en la exploración de las ciudades antiguas y las aventuras que esto produce. Si la cinta hubiera sido en su totalidad situada en la antigüedad, quizás habría sido hasta una buena película de entretención simplona, al estilo de “Kingdom Of Heaven” (2005).

Lo pobreza del guion es otro de sus grandes agujeros. Los intercambios entre los personajes no son nunca creíbles, ni tampoco útiles de manera alguna; no logran ni hacer avanzar la historia ni provocar una reacción visceral en el público. “Assassin’s Creed” llena al espectador de jerga y mitología falsa con vagas reminiscencias místicas, para después ignorar todo eso a la hora de sacar los cuchillos. No sería raro pensar que, aunque todo esto no funcione en el cine, sí podría hacerlo en otro formato. “Assassin’s Creed” es un gran calco del juego, pero uno que ignoró completamente que los distintos géneros narrativos tienen reglas distintas. Es el mismo fenómeno que ha causado que una historia tan directa, célebre y maravillosa como la de “El Gran Gatsby” nunca haya podido ser llevada satisfactoriamente a la pantalla.

En un videojuego los diálogos deben ser simples y rápidos para que no interrumpan la acción, al mismo tiempo que su capacidad expositiva debe ser máxima para así tampoco dificultar excesivamente el progreso. En una película no tiene por qué ser así. Como el público no decide lo que ocurre, el guion puede tomarse el tiempo que necesite para plantear un tema y/o conflicto, dejando incluso algunos elementos clave fuera para resolverlos más adelante o generar dudas.

Si este modo expositivo de hacer avanzar una historia fuera llevado directamente a un videojuego, este sería aburridísimo, y aquello pareciera estar más que claro para cualquier persona. Sin embargo, el proceso inverso sigue pareciendo un misterio. Mientras los guionistas no se tomen el tiempo de traducir un género narrativo a otro antes de adaptarlo, bodrios como “Assassin’s Creed” seguirán desfilando por las salas de cine de acá a muchos años más.

Por Lucas Rodríguez

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