Cronenberg, el maestro del hibridaje

Lunes, 16 de Julio de 2012 | 6:31 pm | Comentarios (2)
Cronenberg, el maestro del hibridaje

David Cronenberg, uno de los principales precursores del cine de horror contemporáneo, era ya desde pequeño una alentadora promesa para el mundo artístico. Habituado desde niño a vivir rodeado de manifestaciones intelectuales (con un padre ligado a las letras y una madre dedicada a la interpretación musical), no era de extrañar la idea de que este canadiense terminara desarrollando, a su vez, una importante capacidad creativa. Sin embargo, su vocación en el campo de las artes (que lo llevaría finalmente a graduarse de la carrera de Literatura) se vio también marcada por un breve paso por la escuela de ciencias, en una decidora experiencia a partir de la cual se hace posible explicar el gusto casi obsesivo que él mismo posee por los diversos fenómenos del área de la biología; una afición que sin dudas ha influenciado su trabajo, y que lo ha llevado a desarrollar una estética marcada en gran medida por fenómenos de mutación e intervención corporal.

Su formación literaria, en tanto, se ve reflejada en la influencia manifiesta que autores tales como William Burroughs o Vladimir Nabokov tienen en su obra, especialmente si consideramos que ha sido el primero de ellos, con sus ideas de contagio y viralización del lenguaje, la inspiración tras películas como “Shivers” (1975) o “eXistenZ” (1999) y la evidente base para la versión que el director hace de la novela “Naked Lunch” (1991). Cronenberg consigue con ello el hacer convivir su formación literaria con su propio conocimiento e instrucción científica, lo que dará como resultado un cine de horror no sólo basado en la estética o el efecto visual, sino que, además, poseedor de un fuerte contenido argumental y conceptual.

Por otro lado, y si bien la imagen del horror biológico se constituye como uno de los pilares de mayor relevancia en la construcción de todo su imaginario, es preciso señalar que se encuentra también marcado por altas dosis de violencia y una serie de perversiones en las que la figura del deseo toma vital importancia. En “Shivers”, por ejemplo, la idea de un virus que va apropiándose de las funciones humanas para desatar finalmente una lujuria desenfrenada, o el falo que se toma la axila de la contagiosa protagonista de “Rabid” (1977) –quien es, además, encarnada por la célebre actriz porno Marilyn Chambers-, son sólo algunos de los clásicos ejemplos en que vemos salir a la luz las monstruosas mixturas de este maestro del hibridaje.

Con la realización de “Scanners” (1981), eventualmente, Cronenberg se alejará un poco de las invasiones virales internas de sus protagonistas, para concentrarse también en el ámbito de la ciencia ficción. De este modo, la cinta nos introducirá en el tema de la telepatía provocada por medio de la intervención genética en la etapa gestacional y en cómo la figura empresarial buscará sacar provecho a partir de la explotación de los jóvenes que han sido dotados de poderes mentales a través de dichas intervenciones. En la misma línea, y con la realización de “Videodrome” (1983), el director tratará acerca de la transformación mental de la cual será víctima un hombre bajo la influencia de la televisión. En dicha cinta, el tema de la mutación corporal se convertirá también en parte importante del relato, teniendo vital importancia en la carrera del canadiense, si consideramos que es bajo este filme cuando se instaura el concepto de nueva carne, idea que él mismo postula y que hace referencia a la violentación y modificación corporal por medio de la interacción humano-maquinaria, y al cómo la sodomización tecnológica de la cual somos víctimas, es capaz de conducirnos por caminos en que lo abyecto es sólo una parte de la compleja deshumanización post-industrial.

El hombre invadido por la tecnología tendrá también su lugar entonces en el ámbito de los videojuegos, cuando con “eXistenZ” nos veamos enfrentados a la conexión de lo humano con la virtualidad, poniéndose en cuestionamiento con ello el estatuto de lo real y los límites cognoscitivos del ser. De esta forma, dicha cinta se establecerá a la década del 90 como lo que “Videodrome” había sido ya a la de los 80: como el reflejo de una sociedad dominada e idiotizada por fenómenos cada vez más lejanos a nuestra propia condición de humanidad.

Con su remake de “The Fly” (1986), tal vez su película más popular, la idea de la máquina y el hombre se hace también presente (aunque esta vez más ligada a lo científico), cuando el protagonista de la cinta mezcle accidentalmente su ADN con el de una mosca al estar experimentando con instrumentos de teletransportación. La deconstrucción de lo humano será aquí graficada de impactante manera, a medida que la conversión del hombre en insecto se vaya haciendo cada vez más patente, hasta que podamos ver su mutación en lo monstruoso. En “Dead Ringers” (1988), en tanto, la imagen del hombre de ciencia y su eventual destrucción, se encuentra representada en la decadencia mental sufrida por dos hermanos gemelos que dependen compulsivamente el uno del otro, y que atraviesan por una fuerte crisis de separación cuando su deseo por una mujer comience a contraponer sus intereses. La idea de la segmentación y la división, toma la característica de catástrofe.

Años más tarde, la idea de la nueva carne como maquinización del ser humano, nuevamente será retomada en “Crash” (1996), cinta en que la sexualidad está determinada por la velocidad y violencia encontrada en medio de accidentes automovilísticos. En ella, serán las colisiones vehiculares el modo de erotismo buscado por sus protagonistas, en tanto que la eventual aparición de cicatrices y prótesis formará también parte de este deseo tecnologizado, como si las zonas erógenas estuviesen aquí representadas en cada sutura y herida.

Este violento discurso acerca del cuerpo, la tecnología y el deseo ha sido una constante a lo largo de toda la carrera de este director canadiense, quien se dedica en pantalla a experimentar con una suma de efectos bastante alejados de la pirotecnia, aunque consiguiendo con éxito el desfragmentar, intervenir o hibridizar las construcciones físicas de cada uno de sus personajes. Es así que la clásica ausencia de efectos especiales en sus creaciones, no resulta ir en desmedro de la creación autoral, sino que logra más bien dotar a su obra de un sello de lo grotesco que será la clave ante la que no sólo sus seguidores, sino que también la crítica, han sido incapaces de no sucumbir. Para ello, Cronenberg ha echado mano de un mismo equipo técnico a lo largo de casi toda su filmografía, asegurando así su fidelidad estilística y  trabajando de manera cercana con el músico Howard Shore y el fotógrafo Peter Suschitzky, quienes están encargados de gran parte de la atmósfera de todas sus cintas. Como dato, es preciso señalar que Suschitzky acompaña a Cronenberg desde la realización de “Dead Ringers”(1988), y que fue descubierto y reclutado por el director luego del impacto que en él produjo el trabajo de este artista para la cinta de George Lucas “Star Wars Episode V: The Empire Strikes Back” (1980), película que el canadiense admira profundamente.

Con sus más recientes producciones en la gran pantalla, sin embargo, Cronenberg pareciera haberse interesado en la posibilidad de una segunda dimensión audiovisual que, si bien se encuentra más alejada de una configuración abyecta, no ha decidido aún dejar por completo de lado la estética sucia y decadente presente en todo su trabajo. Así, con “A History Of Violence” (2005) e “Eastern Promises” (2007), sus dos incursiones en el mundo de la mafia, Cronenberg ingresará en un universo de producciones a gran escala, con las que, si bien, parece optar por abandonar aquellos escenarios típicamente oníricos que suelen caracterizarlo, no consigue olvidar por completo la esencia de corporalidad violenta existente en toda su obra; sólo es cosa de detenerse en la sangrienta pelea del sauna de “Eastern Promises” para evidenciar que en ella tenemos al Cronenberg de siempre.

Su última producción, “Cosmópolis” (2012), no tiene aún fecha de estreno en Chile y sólo recientemente ha sido exhibida en algunos países de Europa y América del Norte. La realización anterior a ésta, sin embargo, “A Dangerous Method” (2011), llega a las salas chilenas este jueves, y está protagonizada por Michael Fassbender, Viggo Mortensen y Keira Knightley. Una creación algo historicista para el acostumbrado universo cronenbergiano, ya que retrata la relación surgida entre los psicoanalistas Carl Jung y Sigmund Freud con una joven y psicótica Sabrina Spielrein, pero bastante interesante desde el punto de vista que entrega en ella este director, sobre todo por medio de la creación y el desarrollo de estos bien logrados, aunque complejos, personajes.

Por Macarena Bello

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  1. manuel says:

    excelente articulo!

  2. Don Carter says:

    Excelente articulo.
    La sexualidad mejor representada que he visto de Cronenberg es con Crash, simplemente la cagó.

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