Aquí No Ha Pasado Nada

Jueves, 1 de septiembre de 2016 | 1:01 pm | Comentarios (1)

Título original:

Aquí No Ha Pasado Nada

Dirigida por:

Alejandro Fernández Almendras

Duración:

94 minutos

Año:

2016

Protagonizada por:

Agustín Silva, Alejandro Goic, Luis Gnecco, Paulina García, Daniel Alcaíno, Augusto Schuster

Desde su anuncio, allá por febrero del año pasado, lucía simultáneamente prometedor y peligroso que el director de joyas como “Huacho” (2009) y “Matar A Un Hombre” (2014) se atreviese a hacer una película en torno a un caso judicial reciente y polémico, que desnudó los tentáculos de la elite y dejó nuevamente cuestionada a la justicia chilena. Lo frágil de la apuesta tenía relación con que, en cierto sentido, basarse en una historia real y muy conocida puede condicionar y llegar a limitar los engranajes de la narración, en cuanto una serie de acontecimientos concretos –no siempre todos los que el director quisiese contar– son incrustados en una ficción que debe tener consistencia propia. Sin embargo, partir desde ese lugar también abre la posibilidad de calar más hondo en la audiencia. Que eso quedara en manos de un director como Alejandro Fernández Almendras, que reflexionó vigorosamente en torno a la impunidad en su anterior cinta, podía ser una gran noticia para el cine local, progresivamente más acostumbrado a recoger escandalosos sucesos nacionales.

AQUÍ NO HA PASADO NADA 01El filme se emplaza en un balneario en época estival, con Vicente (Agustín Silva) conociendo en la playa a dos muchachas, Francisca (Geraldine Neary) y Anna (Isabella Costa), que no se sabe muy bien qué relación llevan, pero que dada la buena onda generada lo invitan a un carrete, donde se encuentra con Manuel Larrea (Samuel Vicuña) y otros jóvenes representantes de la clase que veranea en Cachagua. La noche tiene muchas paradas y al alcohol como permanente acompañante, enturbiándose rápidamente todo y concluyendo con un accidente fatal. En ese momento, entrará en acción la maquinaria de quien realmente conducía y Vicente deberá intentar probar su inocencia.

Explorar mundos que no son los propios, para desde ahí proyectar discursos provocadores o atingentes, es uno de los bellos desafíos que tiene para ofrecer el cine. En parte, es lo que se puede apreciar en esta película, que se interna y circula en torno a una clase con códigos bien demarcados. La cinta se zambulle directamente al corazón de lo más opulento de la sociedad chilena, con un protagonista algo impávido y aletargado que soporta con solvencia ser el centro de la trama (amén, hay que decirlo, de una cumplidora actuación de Silva). Cuidando no caer en exageraciones, el recorrido al que nos lleva Vicente, si bien no llega a ser sorprendentemente revelador ni demasiado novedoso, tiene un tratamiento que expresa algo entre difuso y encandilante, una mixtura bien personal que captura la atención. Con fotografía del renombrado Inti Briones, el director teje momentos intensos, como es indudablemente la escena en el baño entre Francisca y Vicente, un seductor trozo de estudio de personajes que da soporte a lo que se avecina.

AQUÍ NO HA PASADO NADA 02Es principalmente a lo largo del primer tercio del filme cuando más se juega con las texturas (discursivas y visuales), con las apreciaciones más delicadas, con las tensiones entre personajes. Eso no impide, por cierto, que se cuele más de alguna referencia social repetida hasta el hartazgo o que, de un modo no muy limpio, se use frecuentemente y bien en bruto un recurso a esta altura tan tradicional, como el de los mensajes de texto figurando en pantalla.

Acaecido el hecho central, la película, pese a que no se despega de su protagonista, se empecina en otorgar un tratamiento bastante más corriente, dando paso a lo que se podría sospechar ocurrió detrás de una historia que escandalizó al país hace tres años: maquinaciones, silencios, sabotajes; en fin, la perversa ejecución de todo ese conjunto de instrumentos al que un mínimo porcentaje de Chile tiene acceso para salir del aprieto que sea. La cinta no aborda íntegramente eso, pero queda la sensación de que, a partir de ahí, todo se desarrolla demasiado sujeto al devenir original del caso, con el uso de gráficas –entre ellas, una innecesaria cita literaria que se toma la pantalla– y la serie de particularidades propias de lo judicial.

AQUÍ NO HA PASADO NADA 03Por suerte queda lo otro, probablemente lo más significativo y peculiar: la manera en que reacciona el protagonista. Ver eso expresado en pantalla es potente. Sin embargo, el costo que tiene ello es que se desestabiliza el eje de la película: Vicente termina siendo un puching ball, molido por la historia original y por la visión del director. Su vacío y su insensatez, que se podían sospechar desde el arranque, estallan sin muchas sutilezas, y ahí el filme tiende a decaer, propagándose un discurso poco pulido, como para que inmediatamente se arrime la galería completa.

Aunque a grandes rasgos la cinta sigue funcionando, por un deterioro de su tejido más minucioso la obra se va volviendo bastante plana, incluyendo en el acercamiento a ese mundo juvenil que, con apuntes interesantes de por medio, cae en la redundancia, como quedándose sin ideas. Fernández Almendras busca, en definitiva, facturar un retrato íntimo que, al mismo tiempo, dé cuenta de los pormenores y el desarrollo del caso, y en ese intento, entre otras cosas, se priva de generar confusiones o disyuntivas morales. El drama lo vive Vicente y es poco factible que el espectador se sienta implicado. Apartada de la lobreguez de “Matar A Un Hombre” –que con agallas acompañaba hasta las últimas consecuencias los actos de un hombre que cometía un crimen–, “Aquí No Ha Pasado Nada” por momentos suelta a su protagonista, lo deja como un pobre tipo, evaporándose las intenciones de consumar una obra realmente atrevida e incómoda.

AQUÍ NO HA PASADO NADA 04Una representación como esa puede funcionar como comentario brutal sobre la clase alta, pero aun así es un poco decepcionante que no se mantenga una mayor ambición fílmica y se derroche la oportunidad de trenzar algo rotundamente devastador. Es posible que, al tomar ese punto de vista en una historia como esta, no había márgenes para establecer mayores grises; sin embargo, es la ruta que escogió la película y en base a eso hay que juzgarla.

Dicho eso, no son para desmerecer los méritos que tiene la película; ante la moral Chilevisión que reina en la cobertura mediática de estos casos, es un correcto aporte desde el cine, pues, no obstante sus descuidos, el filme entrega miradas dignas de considerar y analizar. Es, a fin de cuentas, una cinta necesaria que, no siendo una genialidad, merece ser vista y se aferra a ocupar un lugar en la memoria.

Por Gonzalo Valdivia

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  1. Omar Saldias says:

    que no se mantenga una mayor ambición fílmica..

    Me.quedo con eso tremendo comentario

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