Aquarius

Jueves, 16 de Marzo de 2017 | 12:53 am | No hay comentarios

Título original:

Aquarius

Dirigida por:

Kleber Mendonça Filho

Duración:

146 minutos

Año:

2016

Protagonizada por:

Sonia Braga, Jeff Rosick, Irandhir Santos, Maeve Jinkings, Julia Bernat, Carla Ribas, Fernando Teixeira, Rubens Santos, Humberto Carrão

Películas especiales y tocadas por una varita mágica no suelen salir del horno cada semana. Pero cuando aparecen, hay que decirlo fuerte y alto: “Aquarius” es una cinta auténtica y majestuosa, que sería injusto recordar únicamente por el infame hecho que la tuvo en el centro el año pasado, cuando luego de enfrascarse en una polémica con el gobierno de Michel Temer, no fue seleccionada como la candidata brasileña al Oscar. La fuerza y la distinción de una obra con carne de ser eterna superan cualquier omisión torcida, en especial cuando el tiempo transcurre y sólo queda la exuberante belleza del arte.

Kleber Mendonça Filho, en su segunda ficción, presenta la historia de doña Clara (Sonia Braga), una mujer que, desechando todo tipo de recomendaciones o comentarios, es la única residente de un edificio en la costa de Recife: todos han vendido porque un nuevo y millonario proyecto inmobiliario los ha convencido con sus ofertas. Ella, que transmite alegría y vibra con familia y amistades, se niega a dar su brazo a torcer, incluso cuando aparece el ingeniero jefe de la obra, Diego (Humberto Carrão), dispuesto a lograr que acepte de una buena vez. Eso no parece opción para Clara, una ex crítica de música que conserva una sensibilidad propia de un tiempo que ya se fue.

Si hay un apunte instantáneo que suscita la película ese es: qué tremenda protagonista. En 140 minutos en que el relato no la abandona en ningún momento –a todo nivel– da la impresión que está contenida toda la verdad en una mujer con convicciones firmes que conserva intacta su esencia. Primero deslumbra conocer fugazmente un instante de su juventud y luego arrolla el vértigo contenido en verla de golpe como la doña que es, en el mismo espacio, con el mismo fuego. Eso ya garantiza escarbar en la memoria, en la trascendencia, en la historia personal, temas por los que la cinta se desliza con una finura exquisita.

El filme, hábilmente, pone a esa noble mujer a luchar contra un gigante que avasalla con todo a su paso. Es entonces que se despliega la pasión de una persona que ve valor en lo tangible, pues sabe que hay recuerdos e historia asociados a lo que inevitablemente se perderá en algún momento. Pero aquello va más allá: es una manera de ser y una manera de mirar la vida lo que hay detrás de su empecinamiento y cada una de sus acciones, sutileza que pocos alrededor suyo comprenden. Es eso lo que busca no se pierda; es eso lo que la incita a persistir y no renunciar. No importa que los tiempos sean otros y el avanzar de la frivolidad parezca irreversible, la película acompaña su lucha con un amor que no tiene fin.

Aunque de algún modo parte de ella esté en el pasado, Clara hace gozar al resto, busca instalar un legado y disfruta de sus años, incluso en el plano sexual, suerte de tabú que también dinamitaba “Gloria” (2013). Mendonça le regala a su protagonista la posibilidad de exhibir su carácter y sensibilidad en todo momento, que dance en una pista de baile con total libertad. Sonia Braga, en una actuación digna de recordar por décadas, estruja aquello y hace del suyo un personaje querible, firme, vital, intenso y absolutamente memorable. Apelando a realizar un delicado retrato de la femineidad y la adultez y, en segunda instancia, a elaborar una aguda reflexión de contornos políticos, “Aquarius” se siente como un suave y poderoso viaje que destila humanidad. Es una de las películas de este siglo y es bello pensar que, como Clara, caminará indestructible y fresca a través de los años.

Por Gonzalo Valdivia

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