Anomalisa

Jueves, 18 de Febrero de 2016 | 1:40 pm | No hay comentarios

Título original:

Anomalisa

Dirigida por:

Charlie Kaufman y Duke Johnson

Duración:

90 minutos

Año:

2015

Protagonizada por:

Animación

Si acaso Charlie Kaufman usa la crisis existencial para inventar personajes, o inventa personajes para tratar la crisis existencial, no queda claro. Pero de que tiene una especial afición por el tema, lo tiene, y es algo así como virtuoso al ejecutarlo. Creativo como muy pocos, su cualidad principal, más allá del contenido de sus historias, es su sed por romper moldes para narrarlas. Cualquiera podría exponer el mismo relato que él, pero difícilmente alguien lo haría con su forma para componer y articular.

ANOMALISA 01Michael Stone (voz de David Thewlis) es un huraño orador motivacional que realiza un viaje exprés a Cincinatti, ciudad donde debe dar un discurso sobre servicio al cliente. Ahí se hospeda en un hotel donde conoce a Lisa (Jennifer Jason Leigh), una tímida muchacha que le brinda una dicha que ya ni su esposa, ni nada en el mundo, le da.

Codirigida con Duke Johnson, “Anomalisa” es el último trabajo de uno de los más distintivos guionistas contemporáneos, y su segunda película como director tras la pretenciosa “Synecdoche, New York” (2008). Sin actores en pantalla, se embarca en un experimento en stop motion de visual tan detallada como opaca, que a través del caso de un sujeto que escucha a todas las personas con la misma voz, excepto la de su nueva amante, estudia la monotonía de la vida actual, la complejidad de las relaciones humanas, la adultez, la realidad o no del amor, y el propósito de la existencia al fin y al cabo. O puede que no, y tal vez todo es simplemente una metáfora sobre la enfermedad mental de un hombre.

La dualidad se repite en la filmografía de Kaufman; sin ser exactas réplicas del predecesor, la gran mayoría de sus protagonistas coinciden en personalidades hoscas y/o desadaptadas que deambulan por sus mundos de grises ANOMALISA 02carentes de motivación, necesitados de algo que les salve del estancamiento emocional, hasta que la aparición de una figura femenina peculiar les abre las puertas a otra perspectiva que puede que adopten o no. Pero no es romántico, aunque en “Eternal Sunshine Of The Spotless Mind” (2004) se le haya acercado. Porque nada es trivial en los trabajos del estadounidense, nada se ajusta en su totalidad a cánones preestablecidos.

No propone nada nuevo en el cine actual, el arquetipo del sujeto moderno exitoso que está muerto por dentro. Es la representación de la epidemia de la adultez en los 2000, donde la soledad y la incomunicación no son directamente proporcionales al bienestar económico, y la pregunta que asalta es qué pasa con los sentimientos, y qué se supone que es lo que realmente importa. Michael es todo aquello: una figura animada que condensa la maldición de una generación. Hasta aquí llegan los convencionalismos y entra a atacar la artillería de Kaufman, con su universo de plástico donde lo real se nubla con lo imaginario y el simbolismo le saca trote a nuestro cerebro.

Es una fábula con la que muy pocos podrían alegar no sentirse en lo absoluto identificados, ni siquiera con una escena o texto. Afortunado aquel que no se ha sentido hastiado de la rutina, demasiado agotado para ser amable o ANOMALISA 03dudoso de sus relaciones. La sensación de que nada tiene sentido es real y asusta, y la película lo transmite. Su ritmo acompaña el concepto, tan paciente que llega a ser aletargado, estirándose tanto que a ratos parece que el reloj se detuvo. Hay una intención poética en su velocidad y en su estética; no se ajusta al antojo del espectador, sino solamente al lúgubre punto de vista del antihéroe que recién es reintroducido en la energía una vez que conoce a Lisa. Presenciamos la extraña noche de epifanía de Michael, intruseando en ella, en una hora y media donde lentamente exploramos el torbellino en su cabeza que parece que ni él entiende.

Podría ser una historia de amor si se le busca esa lectura, pero acompañada de varias otras. En “Anomalisa” coexisten diversas posibles interpretaciones, siendo una convivencia armónica y también pesada, porque no es fácil. Más desalentadora que muchas otras ficciones pobladas por individuos reales, muy erróneo sería dejarse engañar por su carácter animado. Tampoco es una obra para terminar satisfecho: es una experiencia interesante de pensar, a través de una superficie que tiene identidad propia. Es la identidad que le concede Kaufman, inconfundible guste o no.

Por María José Álvarez

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