Amor Eterno

Miércoles, 23 de Abril de 2014 | 11:17 am | No hay comentarios

Título original:

Endless Love

Dirigida por:

Shana Feste

Duración:

104 minutos

Año:

2014

Protagonizada por:

Alex Pettyfer, Rhys Wakefield, Robert Patrick, Joely Richardson, Bruce Greenwood, Gabriella Wilde, Emma Rigby, Dayo Okeniyi, Anna Enger

La libertad, el amor, la juventud, la rebelión y la enseñanza forman parte de una etapa obligada en el crecimiento humano. Intentar representar cinematográficamente un período exótico e ineludible es una tarea que varios directores han hecho, con distintos grados de perspectivas y éxito. Guiado por un tema sumamente pueril –el amor juvenil-, y con dotes shakespearianos de amor imposible, Shana Feste adapta una historia pensada para esta década, presentando “Amor Eterno”, un remake de la película de 1981 y basada en la novela de Scott Spencer, todas del mismo nombre.

David Elliot (Alex Pettyfer) es un chico sencillo y trabajador que jamás se atrevió a hablarle a su tímida compañera Jade Butterfield (Gabriella Wilde) hasta el día de su graduación. Con un encuentro fortuito, ambos comienzan a enamorarse perdidamente, mientras descubren juntos el amor juvenil despreocupado. Sin embargo, ambos deberán enfrentarse con el impávido padre de la acaudalada familia Butterfield, Hugh (Bruce Greenwood), cuya arbitrariedad choca con el espíritu libre de los jóvenes amantes.

Lo que se nos presenta como una cinta bastante tradicional y predecible, pronto intenta alejarse de las convenciones de la típica comedia romántica y se adentra más en una especie de drama juvenil, donde las experiencias y los sentimientos del momento son aquello que le dan vida y ritmo a los sucesos. Asimismo, ocurre una aleación premeditada entre el cine masivo, acostumbrado a lo simplón y efectivo, y elementos de las producciones independientes, especialmente en aquellas escenas más cercanas a lo artístico y estilístico que a lo explicativo y conciso.

Una casi desconocida Gabriella Wilde interpreta a una chica acostumbrada a la sumisión familiar y estudiantil, poco agraciada ­–en la forma de ser, no en apariencia- e inocente, cercana al estereotipo ENDLESS LOVE 02de “inadaptado”. Sin embargo, no logra aportarle todos los elementos al personaje para hacerlo parecer fuerte y decidido, uno que debe enfrentar el cambio y las nuevas experiencias. Su juicio salta constantemente, y entre subordinación y decisión, poco se cede para descubrir la imagen fuerte y luchadora que se le intentó adjudicar.

Por otro lado, tenemos a Alex Pettyfer, conocido por sus papeles en “Magic Mike” (2012) y “Soy El Número Cuatro” (2011), quien se jacta de fórmulas probadas, así como de su seguridad, para interpretar un papel suficientemente genérico como para aceptar agregados. Pero, sin duda, el que se lleva todos los aplausos es Bruce Greenwood, quien logra sostener forzosa pero efectivamente la historia, sirviendo a la vez como personaje y eje unificador. Literalmente, es quien se roba la película, aunque esto sea algo negativo si lo pensamos en modo macro.

La dificultad con la que avanza la película deja una sensación lastimera. No es que sea poco entretenida o que deje cabos abiertos; pareciera que no se le dio el tiempo adecuado para detenerse en la naturaleza interna de los personajes y descubrir lo que los mueve realmente. En este sentido se pierde esa idea de “cine independiente”. Solamente vemos lo que es evidente: la mirada por encima del discurso “amor como motor de la vida”. Hay momentos en los cuales conocemos secretos, que algo enriquecen y explican el relato, pero la poca profundización real de los personajes produce tropiezos y saltos repentinos en la historia de cada uno.

Lamentablemente, llega un punto en el que la historia no da para más y nos transformamos en meros voyeristas de un relato adornado y lindo, con escenas y tomas que demuestran un trabajo pulcro, pero que resulta sumamente ajeno. Es una cinta autocomplaciente que no va más allá del discurso cultivado, a pesar de que alumbra sus pasos sobre una perspectiva que podría haber sido innovadora, pero que lamentablemente se mantiene, reitera, nutre y nos atiborra con eso del amor. Aunque tampoco es que el título prometa demasiado de antemano.

Por Daniela Pérez

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