Allende Mi Abuelo Allende

Miércoles, 2 de Septiembre de 2015 | 1:28 am | No hay comentarios

Título original:

Allende, Mi Abuelo Allende

Dirigida por:

Marcia Tambutti Allende

Duración:

98 minutos

Año:

2015

Protagonizada por:

Documental

Dispuestas en niveles, dentro de nosotros se alojan inquietudes que, conforme superamos etapas, estamos preparados para enfrentar. Las interrogantes ramificadas de dolores personales suelen hallarse al fondo, bien camufladas para que sus posibles respuestas lastimen menos, en tanto decodificamos las capas superficiales que nos proporcionan una temporal sensación de estabilidad. Como el tiempo es sabio, se las arregla para encontrar el momento de hurgar esas revelaciones sustantivas. Cuando esta herida es también la herida de todo un país, el panorama se complejizan, ALLENDE MI ABUELO ALLENDE 01pues involucra una responsabilidad ligada directamente con la memoria de un pueblo. Marcia Tambutti Allende osó hacer el ejercicio.

Habiendo crecido en México producto del exilio, Marcia, nieta de Salvador Allende, está más enterada de la imagen pública de su abuelo que la familiar. Empeñada en cambiar esto, instará a sus cercanos para que cooperen en su investigación, descubriendo en el trayecto que cada uno carga con un duelo distinto que ella debe respetar.

Lo que hace Tambutti no rompe ningún esquema en estrictos términos de lenguaje cinematográfico del documental intimista. La mano de gente de largo camino recorrido como Paola Castillo y Coti Donoso se hace notar en los códigos utilizados: detenerse fijo en los rostros con el sonido ambiente de fondo, planos de lugares vacíos que alguna vez relucieron de vida, paneos a secuencias de fotos y observaciones a objetos decorativos simbólicos. En términos de curiosidad audiovisual no hay riesgos, descansando en lugares comunes que, aunque no dejan de ser legítimos, fácilmente pudieron haberla arrastrado a la categoría de homenaje familiar genérico. Sumado a esto, la idea original tampoco goza de tremenda frescura; uno de los tópicos más recurrentes debe ser el de la búsqueda del familiar difunto. En la escena local tan solo basta recordar “Mi Vida Con Carlos” (2009), dirigida por el hijo de Carlos Berger, asesinado en dictadura.

ALLENDE MI ABUELO ALLENDE 02La memoria de Allende, desde luego, es la columna vertebral de la obra, enseñándonos facetas desconocidas de su vida hogareña, gracias a una generosa recolección de fotografías y grabaciones inéditas que el espectador va descubriendo al mismo tiempo que sus familiares. No obstante, el cuerpo lo completan las respectivas experiencias personales de los que quedaron, subrayándose la figura de su viuda (hoy fallecida) y el recuerdo de la hija que cometió suicidio. Ambas mujeres tienen casi el mismo protagonismo que él, pero es uno que se va construyendo de manera paulatina y coherente, derivando en un mensaje mucho más integral que, a primeras, puede pasar colado.

Es que acá la virtud no radica en la propuesta de la puesta en escena en términos plásticos, sino en la capacidad de sus creadores de agarrarse de semejante problemática, despejarla de dramatismos sensacionalistas o idealizantes, abordarla desde un punto de vista empático y casual, y encima utilizarla como dispositivo para incursionar (como reza su título) bastante más allá: el tema de la película no es el abuelo fallecido, sino la realidad actual de una familia que, quizás como muchas, debió cimentarse sobre fantasmas que se mantienen marginados, ya sea por sanidad mental, forzoso afán de unidad o auto-engaño. O un poco de las tres.

ALLENDE MI ABUELO ALLENDE 03Clave es la realizadora y relatora, que se instruyó especialmente para desarrollar el proyecto, dueña de una calidez en su trato que se transmite de forma orgánica a través de la cámara. Su voz e intervención gentilmente nos toman de la mano y nos guían por la amargura del tema. Su participación franca coincide con el carácter de todo el trabajo: es transparente, sencillo y carece de pretensiones de emotividad que le pudiesen sabotear la obra.

Se le podría culpar de despolitizante, acusación que no podría estar más errada. Escarbando sólo un poco, es posible dilucidar un discurso que metaforiza respecto a la postura de un país frente a su evento más polarizador y, por extensión, trascendente. Tambutti está consciente de la personalidad con la que está tratando, elaborando a partir de ella una maqueta alegórica de un pueblo que salió adelante (¿lo hizo?) en base a la evasión de verdades incómodas. Somos herederos del silencio, igual que la directora y su círculo.

Por María José Álvarez

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