Abraham Lincoln: Cazador de Vampiros

Miércoles, 18 de Julio de 2012 | 8:47 am | Comentarios (1)

Título original:

Abraham Lincoln: Vampire Hunter

Dirigida por:

Timur Bekmambetov

Duración:

105 minutos

Año:

2012

Protagonizada por:

Benjamin Walker, Dominic Cooper, Mary Elizabeth Winstead, Rufus Sewell, Anthony Mackie, Marton Csokas

Se está haciendo común en la industria cinematográfica, siempre escasa de ideas originales, la incorporación de temáticas propias del cine B (y hasta el Z). Estas ideas, cercanas al gore y al exploitation, son lavadas y sanitizadas, para que lleguen de manera correcta a todo público, que las consumirá hasta que se agoten. Liderando este grupo de películas con tramas absurdas y que combinan elementos hasta el oxímoron, se encuentra sin lugar a dudas “Abraham Lincoln: Vampire Hunter”, producto fabricado por Timur Bekmambetov, director ruso que luego de dos éxitos de taquilla en su país natal –“Nochnoy Dozor” (2004) y “Dnevnoy Dozor” (2006), pasó a las ligas mayores en Hollywood con “Wanted” (2008).

La historia surge de una novela con el mismo nombre, escrita por Seth Grahame-Smith, quien ostenta también el “logro” de haber mezclado en una misma publicación a los personajes románticos de Jane Austin y los no-muertos, en su “Pride And Prejudice And Zombies”. Es el autor del texto original quien se encarga de adaptarlo al cine, donde se cuenta la historia de un Abraham Lincoln (Benjamin Walker) que lucha por la emancipación de los esclavos durante el día y contra los chupasangres de noche. La premisa es simple: el pequeño Abe es testigo de la muerte de su madre en manos de un vampiro tratante de esclavos, lo que motiva su sed de venganza. Al llegar a la adolescencia fracasa en su plan de cobrar el crimen contra su progenitora y conoce a Henry (Dominic Cooper), quien le enseñará a luchar contra los enviados del mal, liderados por Adam (Rufus Sewell). Los conflictos surgen cuando Lincoln se percata que los motivos de la esclavitud están en que éstos son el alimento de los vampiros del Sur, y utiliza la política como segunda arma para derrotarlos, al patrocinar la emancipación de los afroamericanos.

Para todo aquel que haya visto alguna de las anteriores películas de Bekmambetov, la premisa suena a chiste repetido. Los Otros, protagonistas de “Nochnoy Dozor” y “Dnevnoy Dozor”, acá son abiertamente llamados vampiros. También encontramos al sujeto ordinario que descubre una habilidad especial y la usa para cazar a aquellos que ponen en peligro la paz de los hombres, tal como en “Wanted”. Incluso los giros son los mismos: los buenos no son tan buenos, y los monstruos también pueden ser de confianza y albergar intenciones elevadas. Hasta las obsesiones estéticas y visuales del director son las mismas, sus escenas ralentizadas, su preferencia por el exceso de hemoglobina y la acción sobrenatural. Sólo que aquí, al repetirse hasta el hastío, deja de ser un recurso original y entretenido.

En los sesenta del siglo anterior, los franceses inventaron y definieron con precisión el concepto de autor cinematográfico, como aquel que repite obsesiones estéticas, expresivas, técnicas y argumentales en sus filmes, explorando y entregando una visión del mundo, de su psiquis o de sus conflictos con la realidad o el trabajo creativo. Pero no es lo mismo ese planteamiento con una repetición constante de lo mismo, con armar en cada trabajo un pastiche de sí mismo, un relato sin más originalidad que un escenario, como si el guión hubiera sido generado por computadora, sólo cambiando elementos para hacerlo pasar por único.

Sin embargo, pese a todos los defectos anteriores, el relato se hace digerible a ratos, sobre todo si se realiza el esfuerzo de no comparar realidad histórica con ficción (para un público lego del personaje y los sucesos temporales es mucho más sencillo, pero sería interesante ver la reacción de una persona estadounidense con educación histórica del tema). En ese sentido, cualquier relato, para convertirse en verosímil, necesita extraer elementos que el espectador, de una forma implícita, reconozca para así aceptarlo en una lógica ficticia. Pero es aquí justamente donde reside el error de la película, al querer conectar una realidad histórica con el relato. El film, cuando se toma en serio, se vuelve lento, tedioso e imposible de aguantar. Es justamente en el momento donde Abe decide encausar su vocación de justicia a la política (realidad histórica) donde la ficción (absurdo) pierde su fuerza y su embrujo. Este no es un biopic clásico que busca un Oscar al mejor actor, director y guión. Tampoco es un documental de canal de cable dedicado a la historia. Presenciamos un pastiche incoherente, que busca anular por casi dos horas, la aburrida realidad y contarnos una leyenda, un cuento sin sentido. La seriedad no tiene cabida, y cuando se apodera del metraje, todo se derrumba.

Si para algunos la pregunta más lógica es “¿Quién prestó dinero para tamaña tontería?”, la interrogante realmente importante debería comprender la razón de porqué, luego de tener un guión tan limítrofe y conseguir quien lo financie (culpa de Tim Burton, quien compró los derechos de la novela y hace las veces de productor), no se arriesgó todo para construir un divertimento sin el más mínimo intento de sentido, ni el más mínimo respeto por una figura histórica de este calibre. Si el pecado original es blasfemar el nombre del emancipador de los esclavos en Estados Unidos, el verdadero crimen es no aprovechar al máximo la oportunidad de faltarle el respeto al héroe con un relato entretenido, audaz y original; todo lo que no es esta película.

Por Juan Pablo Bravo

Enlace corto:
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  1. Pablo says:

    Con esto queda más que demostrado que la industria del cine se esta quedando sin ideas, bueno los grandes nombres para ser mas especifico.

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