A War, La Otra Guerra

Jueves, 17 de Marzo de 2016 | 1:47 am | No hay comentarios

Título original:

Krigen

Dirigida por:

Tobias Lindholm

Duración:

115 minutos

Año:

2015

Protagonizada por:

Pilou Asbæk, Tuva Novotny, Dar Salim, Søren Malling, Charlotte Munck, Dulfi Al-Jabouri, Alex Høgh Andersen, Jakob Frølund, Phillip Sem Dambæk

La conceptualización de las tragedias con el propósito de aterrizar su supuesta comprensión implica despojarlas del factor clave: el humano. Con lo que los ojos del mundo se quedan  son los titulares y resúmenes de cuestiones que son verdaderas pesadillas que se están viviendo en tiempo real, involucrando a personas y familias reales que, como cualquier mortal, jamás pensaron les tocaría ser víctimas de asuntos que, hasta entonces, no podían tocar. La violencia florece cuando el lenguaje de la injusticia se torna abstracto.

KRIGEN 01La vida del joven comandante Claus Michael Pedersen (Pilou Asbæk) se divide en dos preocupaciones: dirigir a sus hombres durante su peligrosa estadía en Afganistán, y el bienestar de su familia que le espera en Dinamarca. Entre tanta responsabilidad, será una orden suya en territorio bélico la que le deparará una tremenda problemática.

“A War, La Otra Guerra” no es una película sobre el asunto bélico físico; esa maqueta de la guerra formada por pantalones militares, tanques y explosiones que se esperan de una producción como tal. La guerra aquí es distinta. Es aquella que apenas se nota, aquella silenciosa y de bajo perfil que no se aborda porque carece de esa resonancia dramática merecedora de un espacio en el noticiario o el best seller. La agresión reposa en el torbellino interno de Claus, cargando sobre sus hombros la vida de terceros por motivos de justificación lógica imposible y, paralelamente, el sentimiento de culpa por su ausencia en el núcleo familiar, en el cual su esposa debe desdoblarse para cuidar de tres niños al mismo tiempo.

KRIGEN 02Se nos plantean los cuestionamientos más sensibles y no le hace falta predicar al respecto, pues el poder del código audiovisual es más fuerte que un diálogo auto explicativo, un ejercicio ejemplar de cómo hacer buen cine sin arrogancia. En la delgada línea entre la genuina bondad desinteresada y el auto sabotaje, Claus se ve obligado a enfrentar amargas situaciones que chocan directamente con el límite de su potestad como líder, y que de ser violadas depararían en su castigo. Entonces, ¿qué hacer, en un contexto donde la empatía es riesgosa? Y ¿qué es el riesgo, en el privilegio primermundista de un país escandinavo versus el horror diario de un país de medio oriente en conflicto? Un padre de familia le ruega por refugio alegando que los hijos de Claus están a salvo, para que el corte directo nos enseñe al hijo menor de Claus lejos de aquella afirmación.

Por otro lado, una madre que no tiene el corazón para recriminar la ausencia de su marido, quien es víctima de un sistema que le ha lavado el cerebro para que piense que la guerra es útil y que, por tanto, está haciendo un bien, se las debe arreglar sola, ya que algo mucho más persuasivo que el amor se interpuso entre ella y él. Y la justicia, determinada en hundir a un sujeto que se vio atrapado entre la espada y la pared en medio de una situación de tensión indescriptible. ¿Por qué siempre se enjuicia al peón mientras la figura de la cabeza pensante sigue volátil, omnipresente, inalcanzable?

KRIGEN 03“A War, La Otra Guerra” es cruenta sin derivar en la exacerbación, que es su elemento más aplaudible. Su realizador tiene consciencia de que el material en sus manos ya es, per se, de una brutalidad descomunal, por lo que declina de echarle sal a la herida recurriendo a un tratamiento efectista. Olvidémonos del zoom in en la lágrima que corre por la mejilla y los violines deprimentes: de registro no intruso y un montaje sigiloso, que transcurre desapercibido, el film nos muestra que lo íntimo y lacrimógeno pueden ser adjetivos mutuamente excluyentes. Ningún plano nos manipula para que nos sintamos conmovidos hasta la vena, pero ahí estamos, mirando fijo la pantalla mientras nos destrozamos por dentro.

Todos los involucrados en la guerra son víctimas, teoriza la película. Por supuesto que los caídos en batalla, pero también los sobrevivientes y todo su círculo cercano. El que se salva y retorna a casa a los brazos de sus seres queridos, y vuelve a dormir en su cama cálida, también perdió. Y es que ¿qué se puede ganar de una experiencia plagada de dolor, violencia y muerte a causa de antojos económicos superiores, sino una sensación de desolación que una terapia sólo puede moderar? ¿Qué le borra a Claus la imagen de cuerpos de niños explotados al tiempo que arropa a sus propios niños, que a su vez sufrirán de un padre con el alma dañada? En “A War, La Otra Guerra” el único que gana es el espectador.

Por María José Álvarez

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