A Toda Velocidad

Jueves, 1 de Junio de 2017 | 1:01 am | No hay comentarios

Título original:

À Fond

Dirigida por:

Nicolas Benamou

Duración:

91 minutos

Año:

2017

Protagonizada por:

José García, André Dussollier, Caroline Vigneaux, Josephine Callies, Stylane Lecaille, Charlotte Gabris, Vincent Desagnat, Florence Foresti, Jérôme Commandeur, Vladimir Houbart

Si se toma una de las caras de la comedia y se la separa, clasificándola como una forma de retrato idiosincrásico, se puede entender que este género puede funcionar de maneras diferentes dependiendo del punto geográfico donde se represente. Por otra parte, es un medio que sirve de pretexto para trabajar las premisas más impensadas, pues las posibilidades de poner a un grupo de personajes en alguna situación divertida pueden ser diversas. Considerando lo anterior, el director francés Nicolas Benamou se afirma de estas características para contar la historia de una familia al centro de una extrema e imprevista situación, destacando, sobre todo, el objetivo más simple y básico que tiene el género: hacer reír.

Un día de verano en París, una familia decide irse de vacaciones en su nuevo auto de manejo exclusivamente electrónico. Cuando una discusión familiar casi los hace regresar, el padre de familia sea da cuenta que la velocidad establecida en 130 km/h no desciende y los controles no responden. Desde ese momento, todos harán un gran esfuerzo para mantener la calma y poder salir de esta inesperada situación.

“A Toda Velocidad” establece desde un principio el tono en el que se mantendrá, presentando personajes un tanto caricaturescos y basados en estereotipos familiares. Por una parte, Tom (José Garcia), el padre de la familia y médico cirujano, intenta hacer de todo para mantener un estatus y a sus seres queridos contentos. Por otro lado, su esposa es quien mantiene el orden y es capaz de cualquier cosa por sus dos inocentes y divertidos hijos. Por último, quien es uno de los responsables de empujar la mayoría de las situaciones cómicas en la narración, el padre de Tom, es un hombre que ha sabido vivir su vida de forma licenciosa y mantiene una tensa relación con la esposa de su hijo debido a su comportamiento irresponsable e irreverente.

Son personajes que a ratos recuerdan el ensamble casi perfecto de “Little Miss Sunshine” (2006), pues cuentan con el potencial suficiente para desarrollar una trama divertida. Sin embargo, estas oportunidades son pasadas por alto y desaprovechadas, debido a la poca profundidad y sutileza con la que estas se trabajan, destacando la torpeza de cada uno, lo que termina creando situaciones un tanto obvias y que terminan por alejarlos de la audiencia.

Si bien, sus personajes logran ser identificados de inmediato gracias a la clara representación de arquetipos, el tono y el ritmo en el que se desarrollará la narración parte con demasiada cautela y desaciertos que rayan en lo inverosímil. Se empieza a construir lentamente un tipo de comedia que arranca con dificultad, apostando al slapstick, pero en un tono demasiado inocente y forzado. Este ritmo se mantiene constante y es fiel a su premisa durante todo el metraje, y cuando ya logra despegar, es demasiado tarde.

El corazón de esta cinta se encuentra en el género en el que se desarrolla, pues será la comedia su refugio y soporte, el problema se genera cuando se deja a un lado la profundidad que se puede alcanzar en ese medio y se opta sólo por nadar superficialmente en el objetivo más simple, que es lograr hacer reír. Sin embargo, lo hace subestimando a la audiencia, pues abundan en ella situaciones absurdas e inconexas. Y si bien, el tipo de comedia física puede llegar a resultar altamente graciosa, en esta oportunidad no es trabajada de manera apropiada, descansando en la ingenuidad infundada de todos los personajes.

“A Toda Velocidad” invita al espectador a ser parte por una hora y treinta minutos de una alocada y casi absurda aventura, que puede resultar divertida sólo si se deja de lado la lógica y se entra en el juego de situaciones torpes, donde lo más increíble es posible que suceda. La comedia no es ofensiva, por el contrario, cae en una extrema ingenuidad, aunque sí logra entregar momentos de diversión. El problema es que su irregular estructura es demasiado débil y amenaza con caer a cada momento. Al final resulta ser sólo el cúmulo de gags inconexos que se juntan incómodamente para contar una historia armada a la fuerza para que el resultado final sea un relato coherente, pero nunca alcanza a encontrar un camino sólido para aterrizar y concluir apropiadamente.

Por Ángelo Illanes

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