911: Llamada Mortal

Miércoles, 12 de Junio de 2013 | 11:00 am | No hay comentarios

Título original:

The Call

Dirigida por:

Brad Anderson

Duración:

94 minutos

Año:

2013

Protagonizada por:

Halle Berry, Abigail Breslin, Morris Chestnut, Michael Imperioli, Ella Rae Peck, Roma Maffia, Justina Machado, José Zúñiga

La efectividad en el cine radica en la capacidad de hacernos olvidar que estamos viendo una película. No hay que confundirse: no tiene que ver con creer que lo que pasa es real, sino simplemente dejar de percibir los medios y elementos que sostienen el relato y le dan forma. Es, aprovechando la metáfora, “dejar de ver los hilos de las marionetas”. El arte cinematográfico está lleno de recursos THE CALL 01expresivos, técnicos y artísticos que deben ser controlados de forma obsesiva por los realizadores. Sólo unos pocos maestros logran dominar y manipular estas herramientas, poniéndolas en juego durante la historia y sosteniendo un intrincado juego de relojería. Por eso, cuando logramos dejar de percibir los cortes, montajes y otros elementos propios del lenguaje de las imágenes en movimiento, en ese preciso instante es cuando estamos “insertos” en el relato, y sólo (a veces) saldremos de él cuando se vuelvan a encender las luces de la sala.

“911: Llamada Mortal” es un caso ejemplar respecto a cómo esa mano invisible del realizador se oculta, para entregar una hora y media de efectividad y precisión que alcanzan las verdaderas películas de suspenso. Jordan (Hally Berry) es una experimentada operadora en el centro de llamados del 911, donde se reciben las emergencias de toda la ciudad. Lamentablemente, durante una llamada de emergencia comete un error, cargando con la culpa del asesinato que no pudo evitar. Meses después del incidente, ha dejado la “línea de fuego”, dedicando su tiempo a instruir a los futuros telefonistas. Hasta que la posibilidad de ayudar a Casey (Abigail Breslin), una adolescente secuestrada, la pone nuevamente al teléfono, donde hará todo lo posible por descubrir al malhechor.

THE CALL 02Los elementos de la historia son típicos: un sicópata asesino, una adolescente en peligro mortal, y una policía demasiado comprometida con su trabajo, que marcará la diferencia. Entonces, ¿dónde radica su eficacia? Aquí también la respuesta es lógica, pero no por ello deja de tener valor. En primer lugar, en la inteligente construcción del guión. Cada elemento de la trama es entregado con calculada precisión, lo que implica, primero, el interés constante del espectador, sumando a eso la necesidad de estar siempre atento a los giros que se presentan en la historia.

Supeditado a la eficacia del texto, el uso de cámaras provee el soporte para este juego de incógnitas y descubrimientos. Porque nada se entrega al azar, cada nueva pista es acompañada con una apertura de planos, como si el espectador, luego de varios minutos de metraje, recién tuviera el permiso de juntar las piezas del rompecabezas. Estos gestos son soportados por actuaciones solventes, que aumentan la siempre necesaria empatía con los personajes. Aquí es donde destaca la química que genera Hally Berry y Abigail Breslin, aunque sólo intercambien sus diálogos a través de la línea telefónica, sin mirarse a los ojos ni estar en el mismo lugar físico.

THE CALL 03Por eso es destacable la figura de esa “mano invisible” que construye el relato y lo maneja a su antojo. Para esta labor es necesaria una gran pericia y conocimiento del soporte expresivo. Y quién más que Brad Anderson, el director de joyas del cine de suspenso como “Session 9” (2001) o “The Machinist” (2004), para demostrar la maestría de un relato que, siendo sinceros, no inventa nada, pero sí es capaz de utilizar de forma precisa, inteligente y eficiente los recursos, para entregar una experiencia que no suelta hasta que se ha apagado la pantalla. Conviene entonces, por el estreno de esta cinta, revisitar sus anteriores cintas y así apreciar a un realizador que siempre ha estado en el ámbito del cine alternativo, y ha demostrado en su carrera un conocimiento y pericia que muchos directores más conocidos adolecen.

Por Juan Pablo Bravo

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